El Museo Cristóbal Balenciaga se inauguró el 11 de junio de 2011 en la villa costera de Getaria, Gipuzkoa, el lugar que vio nacer al Maestro de la Alta Costura y donde fue finalmente enterrado.
Se trata, por tanto, de un espacio relativamente joven—si lo medimos en el
tiempo de los museos — y singular, por diversas circunstancias:
Se ubica en un gran edificio de arquitectura contemporánea inmerso en un
contexto geográfico no urbano: un pueblo pesquero de apenas tres mil habitantes, rodeado de montes y acantilados, cuyas calles empinadas, puerto resguardado y monumental iglesia apenas han cambiado desde los días de la infancia de Balenciaga.
Es una institución, que forma parte del sector público, con la colaboración y convivencia de diferentes administraciones: el Ministerio de Cultura, el Gobierno Vasco, la Diputación Foral de Gipuzkoa y el Ayuntamiento de Getaria, que están firmemente convencidos de que la influencia de Balenciaga va más allá de las fronteras y que la moda es industria, pero también cultura y en ocasiones, patrimonio.
Sin embargo, en sus inicios, fueron clave figuras relevantes del mundo de la moda, la cultura y la sociedad cercanas al creador que se constituyeron en asociación promotora primero, y posteriormente en Fundación, mucho antes de que existiera el museo 2 .
Es un museo de autor —fue el primero dedicado a un diseñador de moda—que no basa su colección en el propio archivo del creador, sino que ha recibido a lo largo del tiempo piezas donadas o depositadas por antiguas clientes, amigas y colaboradoras.
Y es la única institución que, de forma permanente y especializada, se
dedica a conservar, investigar y difundir la obra y legado técnico y creativo de Balenciaga, con cada exposición, publicación, programa o jornada, siendo esta su principal razón de ser.
Esta misión, unida a la frágil naturaleza de las colecciones que custodia, en
el contexto de las exigencias que su naturaleza pública implica y teniendo en cuenta su localización, trayectoria y dimensión conlleva una serie de retos, que en sus trece años de vida el museo se ha esforzado en superar.

Unzurrunzaga © Fundación Cristóbal Balenciaga Museoa
El legado de Balenciaga
Balenciaga es uno de los grandes nombres de la historia de la moda. Su carrera fue muy extensa, ya que trabajó ininterrumpidamente, durante más de 52 años, desde la apertura de su primer negocio en San Sebastián (1917), — y posteriormente, en Madrid (1933), Barcelona (1935) y París (1937) —, hasta su retirada en 1968. En ella, destacó de forma extraordinaria, superando las difíciles circunstancias de la guerra civil española y la II Guerra Mundial, para terminar posicionado entre los grandes artífices de la Edad de Oro de la Alta Costura.
Esta prolongada trayectoria profesional se asienta en la investigación
constante, el profundo conocimiento técnico y de los materiales y un enorme esfuerzo creativo para lanzar, como mínimo, dos colecciones al año, en los estándares de la Chambre Syndical de la Haute Couture a la que Balenciaga perteneció formalmente y cuyo calendario abandonó en 1956. Así, Balenciaga desarrolló líneas propias que llevó al extremo colección tras colección, con notable coherencia interna, en lenta y constante evolución. Tal y como reconocía la prensa especializada, sus colegas de profesión y su clientela, Balenciaga buscaba la perfección en la materia, el corte y el acabado y marcaba el ritmo de la moda 3 innovando en un contexto competitivo, al más alto nivel, que compartió con grandes figuras como Chanel, Vionnet, o Christian Dior, entre otros.
Como resultado, la obra de Balenciaga, que se distingue por su gran calidad material, belleza y atemporalidad, fue muy apreciada en su tiempo y continuó siéndolo después, ya no tanto por su valor inmediato de uso, como prendas de vestir o su valor simbólico, como epítome del lujo, sino como algo más. Sus creaciones dejan progresivamente de estar afectadas a la moda, por definición efímera, y ganan un valor más perdurable como objeto de referencia en las colecciones privadas de los diseñadores y escuelas de moda, y como artefacto y resto de una cultura material vinculado directamente a su tiempo, en las de las galerías y museos.
Con la última colección presentada en febrero de 1968 y el cierre de la Casa Balenciaga, comienza este proceso de progresiva patrimonialización de su obra, que se intensifica, especialmente, tras la desaparición del modista en 1972.
Proceso de Patrimonialización
En mayo de 1968, y por sorpresa, la prensa internacional se hace eco del anuncio del cierre de la Casa Balenciaga y junto a los titulares que dan la vuelta al mundo, los diferentes artículos recogen los méritos de su carrera en una retrospectiva de la que podrá inferirse la oportunidad de adquirir o la conveniencia de guardar. Es el fin de una era.
Balenciaga explicará, a posteriori, los motivos de esta decisión en una
sorprendente entrevista, la primera de su carrera, publicada en Paris Match 5 y que se resumen en su falta de predisposición a cambiar su oficio en un momento en el que el negocio de la Alta Costura estaba prácticamente obligado a cambiar.
El anuncio del cierre, y unos meses más tarde, el fin de la actividad de los
talleres y salones, primero en París y sucesivamente en Barcelona, San Sebastián y Madrid marcan el primer hito en el proceso de patrimonialización.
El siguiente hito relevante en este proceso será la exposición “Balenciaga:
ein Meister der Haute Couture”, que se le dedica en vida, en 1971, en el museo Bellerive de Zurich. Son varios los aspectos reseñables de esta exposición inicial 6 que fue impulsada por Gustav Zumsteg, de la casa sedera Abraham, amigo y colaborador de Balenciaga y que abarcan desde la curación de las obras, hasta su exposición, y su posterior itinerancia.
Esta primera retrospectiva, viajó a San Sebastián en agosto de 1972 y posteriormente, sirvió de base a la organizada en Nueva York en 1973. donde, bajo la dirección de Diana Vreeland — que había sido
Editora de Harper’s Bazaar y Vogue — se exhibió en el Museo Metropolitano con el título de “The World of Balenciaga”.
Visitada por más de 150.000 personas, es tal vez la exposición más conocida y consagradora de cuantas se han dedicado a Balenciaga y contribuyó a la entrada “oficial” de la moda en el mundo de las grandes exposiciones, hasta entonces reservadas al arte. Posteriormente, una nueva edición de esta exposición se exhibiría en Madrid, en el Palacio de Bibliotecas y Museos, en febrero de 1974. Y, auspiciada por la Cámara de Moda Española, una selección de esta exposición llegaría a mostrase en Sao Paulo (Brasil) como embajada de la moda española.

Cortesía de Archives of the Zurich University of the Arts
Sin entrar a analizar todas las exposiciones que siguieron a estas, se
puede inferir que cada una de ellas ha supuesto un paso en la patrimonialización definitiva de la obra de Balenciaga, aportando investigación y un mayor conocimiento público, y por tanto un consenso más amplio e interiorizado sobre su valor.
Además, la obra de Balenciaga, en un fenómeno de progresiva apreciación,
está representada en las colecciones de todos los grandes museos de indumentaria del mundo y en muchas colecciones privadas. Esta presencia constante de Balenciaga en el panorama de la curación de exposiciones de moda, prueba que, aun cuando su contexto vital y el mundo para el que realizó sus creaciones pueda resultar ajeno y cada vez más lejano, la cualidad atemporal de su trabajo le otorga vigencia en muy variados ámbitos además del de la moda.
El proceso culmina formalmente con la inauguración de Cristóbal
Balenciaga Museoa en Getaria en junio de 2011, un museo en el pleno sentido de la definición del ICOM (Consejo Internacional de Museos), para un patrimonio textil ya indiscutible.
Museo y Fundación
Las diferentes exposiciones en San Sebastián y Madrid dejaron su poso de
interés e incentivaron la idea de disponer de un espacio más estable donde rendir homenaje al talento de este gran creador.
Getaria estuvo siempre en esa ecuación con la natural reivindicación, como
villa de origen, para poder recoger ese testigo. Con este fin se constituye una primera Asociación Promotora cuya labor se centraba en recoger obra para formar la colección y buscar apoyos para la financiación del proyecto.
Con una incipiente colección aportada por clientas y amigos, se abrió una
primera sala de exposiciones, que con el apoyo del ayuntamiento de Getaria y del Ministerio de Cultura se trasladó después al palacio Aldamar.
Éste era la antigua villa de verano de los marqueses de Casa Torres, propiedad del Ayuntamiento, y que fue reformada con este fin. Sin tener una vinculación directa, la villa sí mantenía cierta relación con la biografía de Balenciaga por ser la residencia de Blanca Carrillo de Albornoz y Elío, marquesa de Casa Torres, que empleaba a la madre de Cristóbal como costurera y que se convertiría, con el tiempo, en una de sus primeras clientas 9.
La Asociación pasó a constituirse como Fundación cuando el proyecto fue
tomando forma y envergadura, inscribiéndose en 1999 en el registro de
Fundaciones del País Vasco.
Dadas las limitaciones de espacio que el palacio Aldamar presentaba para el desarrollo del proyecto, la Fundación se propuso construir un edificio anexo que sirviera de ampliación al mismo. Las obras comenzaron y se interrumpen en varias ocasiones, por problemas financieros y de gestión, hasta que las instituciones vascas (Gobierno Vasco y Diputación Foral de Gipuzkoa) entran en 2010 a converger en su Patronato refundando la Fundación y convirtiéndola en una entidad del sector público.
La extensión proyectada para el palacio Aldamar es en realidad el núcleo del actual museo, formado por varios cuerpos: el volumen central que alberga el atrio, las salas expositivas y las zonas polivalentes; el volumen didáctico con espacios para la formación y talleres y el volumen de conservación en el que se ubican las oficinas, los almacenes de colección y el taller de restauración. En el palacio se ubica un área de exposiciones temporales, el centro de documentación y la biblioteca.
Colecciones del Museo
El Museo Cristóbal Balenciaga custodia una gran colección de más de 3.500
obras de indumentaria originales. Muchas de estas piezas son hitos en la historia de la moda y pertenecieron a grandes personalidades internacionales como Mona Von Bismarck, Rachel L. Mellon, Patricia López Wilshaw, Barbara Hutton, Lilian Baels, Grace Kelly, Fabiola de Mora y Aragón, Madame Bricard o la Marquesa de Llanzol.
Su extensión formal y cronológica —incluye, por ejemplo, los modelos más
tempranos que se conservan del modista— la convierten en una de las más
completas, coherentes e interesantes del panorama internacional.
El carácter referencial de la colección se refleja en su presencia dentro de
exposiciones sobre Balenciaga realizadas en museos de todo el mundo —Nueva York, Lyon, San Francisco, Mónaco, Berlín, México DF, Calais, Londres, o Madrid, entre otros— para dar cumplimiento a la misión fundacional de difundir la figura y obra del genial modista de Getaria.
Junto a la colección de indumentaria y complementos, el museo alberga
otros fondos documentales y objetuales relacionados con Balenciaga, el oficio de la costura o el negocio de sus casas, así como fondos bibliográficos especializados tanto históricos como contemporáneos.
La fisonomía de las distintas colecciones que existen en los museos es,
lógicamente, un reflejo del objetivo y la forma en la que fueron creadas, aunque con posterioridad se hayan ido completando en función de las políticas de colección y trayectoria de las entidades que las custodian o de las preferencias estéticas e intereses de los coleccionistas privados.
En el caso del Museo Cristóbal Balenciaga la colección de la Fundación está
compuesta mayoritariamente por generosas donaciones de antiguas clientes y familiares, además de depósitos de colecciones institucionales y privadas. Entre los ingresos iniciales, se encuentra la colección de Sonsoles Diaz de Rivera, hija de la marquesa de Llanzol —amiga personal y clienta de Balenciaga—, la de Hubert de Givenchy, o la donación del vestido de boda S.M. la reina Fabiola de Bélgica, entre otros.
Una vez inaugurado el museo, se formalizaron otros depósitos y donaciones relevantes como la de la Casa Real de Mónaco, o, ya en 2013, la colección institucional del Gobierno Vasco adquirida a Ramón Esparza, amigo y colaborador de Balenciaga, con 82 referencias.
En 2014, gracias a la mediación de Hubert de Givenchy, se recibe la
colección Rachel L. Mellon, compuesta por más de 600 piezas entre indumentaria, complementos y documentación perteneciente a esta gran dama norteamericana, quien fue durante 12 años, una de las clientas y amigas más fieles del modista.
Aunque sin duda las colecciones del museo tienen puntos fuertes, al igual
que ocurre en todas las colecciones, hay también “huecos”, esos vacíos que
representan obras con las que la institución querría contar porque se entienden fundamentales para la interpretación de Balenciaga, pero de las que, sin embargo, no dispone. Afortunadamente, constantemente se reciben nuevos ingresos de obra que, además de contribuir a llenar esos vacíos, generan nuevas investigaciones, que a su vez provocan nuevas búsquedas de información y de piezas. Todo ello es indicativo de que el museo está vivo y en continuo crecimiento.
Dada la importancia que para el museo tiene las donaciones y depósitos,
existe una política específica de reconocimiento público y privado a las personas, familias e instituciones que han cedido sus piezas, apreciando en lo que vale la generosidad de las mismas.
Por otra parte, la forma en la que las colecciones se han creado ha generado importantes asimetrías en cuando a la información que de ellas se dispone, y desde el inicio, el mayor vacío de las colecciones hace referencia, precisamente, a la documentación. Al no contar con el archivo del creador, la documentación disponible es limitada y por ello, un objetivo constante del museo es aumentar los fondos de fotografía, documentación privada y comercial, y la colección de dibujos y bocetos.
En este proceso, ha sido muy significativo el depósito en 2024 de más de
8.000 referencias del fondo de bocetos de los años 40-60 de la Casa Balenciaga, adquirido por el Archivo Histórico de Euskadi.

© Fundación Cristóbal Balenciaga
Retos y compromisos del Museo
Los atributos identitarios de Cristóbal Balenciaga Museoa: museo de moda, museo de autor, museo joven, no urbano, y de naturaleza pública, sin duda lo singularizan, pero también llevan aparejados una serie de retos para la gestión en aras de alcanzar la visión y objetivos que se marcan en su plan estratégico.
El reto de conservar
El ICOM cuenta con un comité permanente dedicado a la indumentaria para
explorar todos los aspectos de su exposición, conservación, investigación y
coleccionismo. Este organismo propone las directrices de referencia para el
cuidado de este tipo de patrimonio especialmente frágil. A partir de dichas
recomendaciones, las instituciones museísticas implementan protocolos de conservación de los elementos textiles para garantizar el control de los factores de riesgo.
Las colecciones del Museo Cristóbal Balenciaga están mayoritariamente
formadas por indumentaria (prendas de vestir y accesorios), que abarcan una cronología entre 1910 y 1972 aproximadamente. Los textiles utilizados en la confección de estas obras son muy variados y, teniendo en cuenta su datación, pueden estar compuestos tanto por fibras naturales, como sintéticas. Además de los tejidos en sí mismos, hay que tener en cuenta otros materiales aplicados o superpuestos utilizados para el embellecimiento: hilos metálicos, piedras, cristales, acetatos etc. u otros tejidos, cueros o pieles.
Tratándose de materiales orgánicos, muchos de estos tejidos son muy
sensibles al deterioro que pueden causar determinadas condiciones ambientales (de temperatura, humedad, luz) y el ataque de los agentes biológicos. Incluso si su origen es sintético, las condiciones ambientales inadecuadas pueden provocar reacciones químicas que alteren las características y composiciones.
En el museo, este control se adapta a los propios parámetros de su entorno: una zona no urbana y con una climatología muy húmeda. En este ecosistema es especialmente importante controlar de forma rigurosa la existencia de agentes biológicos nocivos para el textil y la de otros agentes no directamente nocivos pero que forman parte de la cadena trófica de los primeros. La limpieza constante, los tratamientos químicos y fumigaciones periódicas, el control de las entradas y salidas en la colección (tanto las que se efectúan desde el exterior como los movimientos en los propios almacenes y áreas expositivas), el aislamiento físico y los tratamientos preventivos de anoxia previos a ingresos y reingresos, son, por tanto, medidas básicas imprescindibles.
Las condiciones ambientales además de favorecer o no la existencia y
propagación de los agentes biológicos nocivos, también tienen una incidencia directa en las fibras de los tejidos, pudiendo tener efectos visibles (decoloraciones, deformaciones, etc.) o invisibles que afloran con el tiempo (debilitamiento, degradación…) causadas por el exceso de luz, la temperatura o la humedad inadecuadas. Es por ello que el mantenimiento de las consignas recomendadas por el ICOM adaptadas a las condiciones climatológicas propias de la ubicación y a la arquitectura del edificio, se convierten en una prioridad para el museo tanto en las reservas como en el área expositiva.

© Fundación Cristóbal Balenciaga
Esto —como es lógico—supone un gran reto para la exposición y para el
acceso a las colecciones, ya que marca, de una manera muy clara, los tiempos, formas y espacios para exponer, y restringe al mínimo posible la exposición a la luz y el acceso a las zonas de almacén. Igualmente, la necesaria climatización estable de las áreas supone un consumo energético continuado que debe acotarse, sectorizando zonas y creando al mismo tiempo, barreras no intencionadas en el recorrido expositivo.
El Museo Cristóbal Balenciaga dispone de seis salas expositivas para la
colección, con más de 1.000m2, que se idearon con un sistema de vitrina fija aislada, con su propio instalación de climatización independiente del resto de la sala e iluminación led. Esta estructura ha generado con el tiempo numerosas tensiones entre las bondades de la protección del cristal frente a los agentes externos (público y otros agentes biológicos) y de mantener las condiciones ambientales, y el alejamiento de la obra, la falta de perspectiva y la tenue iluminación resultante.
Al mismo tiempo, la incidencia de la luz y su radiación es acumulativa y no
permite una exposición permanente de las obras, obligando a periodos dilatados de descanso (tres veces el tiempo de exposición), una vez retiradas. Esto supone organizar rotaciones periódicas de obras dentro de una exposición o alternativamente, organizar sucesivas exposiciones temporales generen la sensación de novedad entre el público recurrente
Por último, los soportes expositivos naturales para la indumentaria, los
maniquíes, deben ser realizados en materiales neutros que no afecten a las obras y han de estar adaptados a la medida de cada una de las obras expuestas, de forma que la pieza descanse de forma natural y sin deformaciones sobre el cuerpo del maniquí, para que el tejido no sufra, ni se deteriore. Por tanto, las necesidades de conservación se imponen también en la producción expositiva, ya que la realización de soportes a medida supone una partida muy significativa dentro de una nueva exposición o de las rotaciones de obra.
En la conservación preventiva, además, se debe tener en cuenta la vida
previa de la pieza que llega como donación al museo y, que, normalmente, dada la cronología que abarca la colección, ha pasado por largas temporadas de uso, abandono o incluso alteración. Previo a su entrada en el museo, al realizarse el estado de conservación de la obra, se determinan las actuaciones de conservación preventiva y, en su caso, las necesidades de restauración. Las actuaciones preventivas tienen que ver con la realización de elementos de acomodo de la obra para su almacenamiento y las consolidaciones de urgencia (si fueran necesarias) para frenar los deterioros. Las actuaciones de restauración y correctivas se
realizan principalmente sobre obras que van a ser expuestas o van a ser objeto de investigación o estudio (prioritariamente) o como parte de campañas cíclicas.
Por tanto, otro reto en la gestión supone la correcta distribución de los
recursos para, entendiendo las prioridades que marca el programa expositivo, no centrarse únicamente en sus demandas y en lo urgente, y saber trabajar en el medio plazo en lo importante.
El reto de mostrar y difundir
Las exposiciones son la cara visible del museo. Es lo que mayoritariamente
identifica su público y lo que espera. Es el factor de atracción y el vehículo de trasmisión más directo con el que se cuenta para hacer llegar la apreciación, el conocimiento y el disfrute de su colección.
Un museo más generalista, pero igualmente dedicado a la moda, dispone de un amplio abanico cronológico y temático para establecer esa relación con su público aportando en cada momento novedad. El Museo Cristóbal Balenciaga, por su parte, debe mantener, según su misión, su foco en este creador ofreciendo en exposición de forma constante una muestra de su trabajo.
No obstante, como se ha visto, esto no puede hacerse a través de una
exposición permanente por motivos de conservación. Por esta razón surge la necesidad de escenificar nuevas presentaciones de la colección, buscando nuevos discursos y aportaciones que resulten siempre una novedad, pero que no sean tan parciales o específicas como para no poder satisfacer la necesidad de conocimiento amplio que pueda tener una persona que visita el museo por primera vez. Todo ello en un espacio expositivo con elementos fijos (vitrinas) y soportes expositivos (maniquíes) condicionados por los criterios de conservación y con una colección amplia, pero finita, de obras únicas que deben descansar después de cada exhibición.
Así pues, el reto consiste en establecer un programa expositivo no
permanente, con la obra de Balenciaga como centro, pero igualmente no
reiterativo y que contenga suficiente novedad, con un ritmo de producción
razonable para la conservación, la comunicación y la rentabilización de la
inversión.
Exposiciones para el disfrute y el aprendizaje
El museo trabaja un programa expositivo anual destinado a poner en valor
la figura de Cristóbal Balenciaga y a generar entre el público conciencia y
sensibilidad hacia la vertiente cultural de la moda. En las exposiciones del museo el disfrute estético se mezcla siempre con una intención didáctica y la posibilidad de reflexionar e interpretar las obras en términos técnicos, estéticos y conceptuales.
La relación de Balenciaga y el arte, la influencia del traje popular, el uso por
parte de Balenciaga de ciertos materiales, el negocio del lujo como contexto de creación, Balenciaga en diálogo con otros creadores de moda o de las artes visuales son ejemplos de algunos de las diferentes perspectivas abordadas.
Desde la exposición inaugural, el museo ha organizado 15 de estas
presentaciones, que con el tiempo han llegado a formularse bajo el concepto de serie curatorial. Cada serie mantiene un discurso que organiza los contenidos en el espacio existente y propone una museografía. Las piezas seleccionadas para dar cuerpo a este discurso, que no pueden permanecer expuestas indefinidamente, rotan en las diferentes exposiciones que componen la serie. En cada una de las
exposiciones que componen una serie se aborda una perspectiva diferencial.
La mayoría de estas exposiciones han sido producidas por el museo en base a su colección, con algunas excepciones coproducidas con otros museos e instituciones, destacando colaboraciones con prestigiosos curadores de Moda del panorama internacional como Catherine Join-Deterlie, Hubert de Givenchy, Judith Clark u Olivier Saillard, entre otros.

© Unzurrunzaga/Fundación Cristóbal Balenciaga Museoa
Junto a este programa basado en la colección, el museo apuesta por otra
línea de contenidos complementarios, y, que, normalmente, se presentan en las salas más lineales y reducidas del palacio Aldamar. En estas exposiciones, la temática es más amplia y relacionada con la moda, pero mantiene una conexión con Cristóbal Balenciaga. Hasta la fecha, se han realizado más de 20 de estas exposiciones, sobre fotografía, ilustración, y otras prácticas y contextos relacionadas con el mundo de la moda y el arte. El objetivo de estas exposiciones es ampliar y complementar la experiencia de la persona usuaria en el museo, aportar diferentes perspectivas temporales y atraer a nuevos públicos. El calendario de estas iniciativas tiene una frecuencia mayor y una duración menor que el de colecciones y se ha mantiene un equilibrio entre las producciones propias y la recepción de exposiciones externas.
El reto de generar conocimiento
Los testimonios de las personas que conocieron y vivieron en el entorno de
Balenciaga, la gran cantidad de exposiciones y la labor de sus comisarios y
comisarias, la investigación académica realizada hasta la fecha con las importantes aportaciones de Marie-Andrée Jouve, Miren Arzalluz, Lesley Miller, Pamela Golbin, Ana Balda, o Igor Uria, entre otros, la esporádica difusión en la prensa de nuevos artículos y referencias, y hasta la ficción en el cine o la literatura, han expandido el conocimiento, pero también la leyenda en torno a la figura y trayectoria de Cristóbal Balenciaga, hasta el punto de generar la engañosa sensación de que todo está dicho o que todo lo dicho es cierto.
Sin embargo, como en el caso de las colecciones, la realidad es que quedan
mucho “huecos” por explorar, muchas preguntas por realizar, sin cuyas respuestas no es posible presentar nuevas perspectivas en las exposiciones o difundir nuevas ideas en publicaciones. Para ello, el museo propone cíclicamente un congreso de investigación internacional (su segunda edición será en 2025) dirigido al mundo académico con la intención de incentivar la exploración de nuevas interpretaciones y la aportación de trabajos de investigación innovadores y de calidad, de carácter interdisciplinar, en torno a la persona, el contexto y la obra del creador. Los resultados del congreso se publican tanto en ediciones propias como en publicaciones científicas especializadas.
Lo ideal sería que esa invitación a la investigación se iniciase desde el
propio archivo del museo, como fuente primaria, tanto el textil como el
documental y fotográfico, pero, en ese sentido, la tensión entre la necesidad de acceso y la necesidad de conservación restringe de forma importante esta opción.
Es por ello que las políticas de digitalización son tan importantes y se llevan realizando de forma sistemática desde 2017.
La digitalización de documentos, publicaciones y fotografías es una práctica estándar que se acomete por campañas en función de los recursos disponibles. La digitalización del archivo textil es algo más compleja al tratarse de elementos tridimensionales y que conlleva: montar la obra en un maniquí a medida, generar el escaneado y modelado fotográfico en 360º, y post producirlo para adecuar lo más posible el color o la textura a los originales. Muy a menudo, la digitalización en 3D de una obra se acompaña de la digitalización en 2D (en plano) en muy alta resolución para capturar detalles del tejido, que, a su vez, ofrecen valiosa información para la conservación. Además, en la política del museo se considera que la versión digital de una obra, por sí misma, es insuficiente y debe completarse con otras informaciones adicionales que ayuden a comprender su proceso de ejecución, por lo que la digitalización se acompaña de la actividad de obtener y digitalizar patrones y realizar réplicas exactas en tejidos básicos (normalmente algodón) que señalan el camino del diseño en el corte, el montaje y las técnicas empleadas en su ejecución para llegar al resultado.
En la actualidad el museo dispone de una interesante, aunque aún reducida, colección digitalizada y de réplicas exactas, testada y evaluada por distintos grupos de interés, que va creciendo paulatinamente, y que se somete a procesos de mejora y actualización tecnológica. Además de para la investigación, esta colección es especialmente útil a efectos de conservación en el área de educación del museo e incluso en el área expositiva y de comunicación.
Por otra parte, desde 2014, el museo mantiene abierta la línea de
investigación sobre el patrimonio inmaterial, “Las manos que cosen”, que recoge testimonios, documentación y fotografías de las y los trabajadores de los talleres y documenta el saber hacer del oficio de la alta costura. A partir de estos materiales, se organizan cíclicamente cursos para su transmisión a profesionales del mundo de la moda y de la restauración textil.
Trasmisión: patrimonio y nueva creación
En el campo de la moda, que es cultura y es industria, además del creativo,
hay también un ámbito técnico y un ámbito empresarial en los que Balenciaga también destacó, y que son sin duda fuente de inspiración para el sector actual.
En este sentido, el museo ha venido realizando y consolidando una serie de
programas de tecnificación y transmisión del legado técnico de Balenciaga
dirigidos a públicos especializados, tanto de formación, a través de programas conjuntos con escuelas de moda nacionales e internacionales, como con profesionales, mediante programas diseñados para capacitaciones en técnicas y herramientas precisas. En la base de uno y otro programa está la colección del museo, el acceso y análisis de obra y la transmisión de saber hacer y oficio, realizada a partir del conocimiento de antiguos trabajadores de la casa.

© Fundación Cristóbal Balenciaga
Como se ha comentado anteriormente, el museo trabaja líneas de
contenidos vinculadas a la preservación de formas de patrimonio inmaterial ligadas a los oficios de la alta costura, documentando y transmitiendo dichas prácticas y cuyos resultados más visibles son las Master Class de Técnicas de Alta Costura (actualmente con 3 itinerarios, 3 niveles y 230 horas de formación) que han venido incluyéndose de forma ya estable en la programación del museo y los diferentes contenidos audiovisuales producidos sobre aproximaciones técnicas a piezas de la colección (infografías) y video tutoriales grabados sobre técnicas específicas.
En 2016, y en colaboración con la institución de educación en moda basada
en Londres, Central Saint Martins ( Universtity of the Arts ) se puso en práctica un proyecto piloto innovador para abrir determinadas piezas de indumentaria del archivo al estudio del profesorado y del alumnado de la escuela en un study trip inmersivo a Getaria. Tras las sesiones presenciales, el programa proponía emprender un proyecto de creación para ser llevado a cabo en la escuela. Este proyecto se convirtió en curricular en la escuela con la complicidad de los instructores de diversos itinerarios como Women’s Wear Fashion Design, , Fashion Print o Fashion Communication. Desde 2017, la experiencia se ha extendido a otras 16 instituciones de prestigio de Europa, Asia y EEUU y en la actual edición participan más de 900 jóvenes diseñadores de todo el mundo.
Por ello, este tal vez sea el proyecto más importante del museo para la
difusión del legado de Balenciaga, ya que trasciende y vincula el patrimonio con nuevos usos y nuevas audiencias. Una experiencia innovadora de inmersión en Balenciaga y su contexto y de ejercicio creativo posterior, que finalmente se comparte con el público general que acude al museo en formato expositivo.
El reto de compartir, sensibilizar y educar: moda para la sostenibilidad, la inclusión y la excelencia
La educación es una de las vocaciones más importantes del museo, donde
existe el convencimiento de que el programa educativo es un potente instrumento para crear conciencia y sensibilidad, a la vez que trasmite el conocimiento, la técnica y los valores que caracterizaron a Cristóbal Balenciaga. Este programa abarca actividades dirigidas a todo tipo de públicos.
Así, el museo organiza talleres y cursos relacionados con temáticas de
sostenibilidad, cuerpo y movimiento, creación o técnica de moda dirigidas al público escolar, a las familias en su tiempo libre o a los colectivos con necesidades diversas.
El programa educativo trabaja en tres líneas diferentes relacionadas con
una selección de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 de las Naciones Unidas y que tienen que ver con la inclusión, la diversidad y la sostenibilidad.
En la línea que trabaja el objetivo de Inclusión, el museo está llevando a
cabo la adaptación de sus espacios y servicios a las diversas naturalezas y
exigencias de los heterogéneos grupos sociales dotando de contenido y entidad a la línea educativa dirigida a la facilitación del acceso y de la inclusión de grupos de personas con diversidad funcional o intelectual y/o personas en peligro de exclusión social en general.
En la línea que trabaja el objetivo de Diversidad, los esfuerzos se dirigen a la implementación de la perspectiva de género analizando las narrativas expresadas por el museo y generando reflexiones en torno a ellas, desde una perspectiva de igualdad de género e, incluyendo específicamente en la narrativa, el discurso de las mujeres productoras y creadoras en la moda, así como la realización de lecturas antropológicas de la indumentaria desde esta perspectiva.
Por último, y de forma transversal en todas sus actividades, el museo
ahonda en la adopción de criterios de sostenibilidad ambiental, e impulsa la sensibilización de públicos en cuanto a la sostenibilidad en la moda, trasladando los criterios medioambientales a la actividad del museo: exposiciones, talleres, conservación… Así mismo, orienta las acciones de los distintos programas educativos para la reflexión sobre la sostenibilidad en la moda utilizando la figura de Cristóbal Balenciaga como ejemplo de moda lenta o slow fashion, como contraste con la fast fashion de rápida producción y consuma que domina los mercados actuales.
Estas líneas de trabajo convergen en los diferentes programas educativos
como son el programa escolar – programa de actividades, visitas y talleres
adaptado a los contenidos curriculares y dirigido a todos los niveles educativos y especialmente, adolescentes – el programa social.- a medida de las necesidades de diferentes públicos como colectivos de mujeres vulnerables o en riesgo de exclusión social, colectivos de personas con diversidad funcional o colectivos de personas de la tercera edad y/u otros colectivos remotos en riesgo sanitario -, o el programa .en moda sostenible – dirigido a creadores/creadoras de moda y marcas con criterios de sostenibilidad insertos en sus procesos de diseño y producción.
Además de los programas educativos, el Museo Cristóbal Balenciaga acoge
otras actividades culturales y eventos del sector moda, convirtiéndose en un espacio abierto a la sociedad y que colabora con los agentes de su entorno. La mezcla innovadora de disciplinas artísticas y culturales es una de las señas de identidad del museo, que propone anualmente un programa en el que la danza, la música, el teatro, la fotografía, la ilustración, el cine o la gastronomía tienen un espacio propio o en armoniosa convivencia con la moda.
El reto de la neutralidad ambiental
En su décimo aniversario (2021), el museo se propuso hacer una reflexión
objetiva de su trayectoria en base a un estudio de impacto que elaboró con la colaboración de una consultora externa especializada 11 . Además de un ejercicio de transparencia y responsabilidad, el estudio pretendía ser una herramienta útil para la reflexión estratégica, ya que pondría a disposición datos reales que permitirían realizar proyecciones y formar expectativas de futuro más informadas que en el momento en el que se inauguró.
Los ámbitos de estudio de impacto, como suele ser habitual en este tipo de
análisis, buscaban una medición objetiva de los impactos económico, social, cultural y medioambiental. Y aun siendo los impactos positivos e importantes en las tres primeras áreas, la realidad de los indicadores de huella de carbono del propio edificio y sus visitantes, la generación de residuos, o incluso, la significativa falta de datos disponibles para medir otras variables relacionadas, sugerían la necesidad de trabajar con mayor intensidad en extender la conciencia medioambiental de forma transversal, y establecer nuevos indicadores que permitieran al museo avanzar hacia una neutralidad climática en 2030– uno de los objetivos compartidos del sector público.
Por ello, en el marco del plan estratégico 2022-2026 y en cada plan de
actuación anual derivado de éste, se han incluido objetivos y acciones de
sostenibilidad tanto relacionados con la eficiencia energética del edificio y sus instalaciones, como con el trabajo de las áreas de conservación, exposiciones, programación o gestión administrativa.
Algunas de estas acciones buscan resultados cuantitativos y fácilmente
medibles, como las relacionadas con la mejora de la eficiencia energética a través de la optimización de las instalaciones y la actualización tecnológica de las mismas, la racionalización del uso de los espacios programados en función de criterios ambientales, la reducción de consumos, la autogeneración de energía con la instalación de placas fotovoltaica, o la reducción de la generación de residuos.
Otras acciones se proponen lograr impactos más cualitativos como la
contribución a la sensibilización hacia la moda sostenible del programa educativo entre los niños y niñas que consumirán la moda del futuro, el cambio en el modelo expositivo que facilita la reutilización de recursos museográficos, o la inclusión de criterios de sostenibilidad en licitaciones de servicios y suministros.
En este último aspecto, cabe señar la política vigente desde 2018 para dar
prioridad a la presencia de productos locales y/ o realizados con criterios de sostenibilidad medioambiental en los artículos que se ponen en venta en la tienda, distinguiéndolos con un sello propio “Ecolocal” e identificando con esta política la imagen del museo.
Además, y a la luz del debate abierto sobre la sostenibilidad del turismo y los límites de la convivencia con las comunidades receptoras, también se está haciendo un trabajo muy concreto en la programación encaminado a
desestacionalizar las actividades y equilibrarlas, a promover y animar la utilización de medios de transporte más sostenibles y a la mejora de las experiencias virtuales y digitales ligadas al museo como alternativa viable a la visita física.
Miren Vives, directora del Museo Cristóbal Balenciaga. Artículo publicado en Revista de Museología (RdM) Asociación Española de Museólogos










































